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Lifestyle

25-Nov-2020

Mariana Reza

Renacer espiritual

Un santuario de bienestar situado en Rosewood Mayakoba y resguardado en la selva de la Riviera Maya, donde a través de los principios mayas y técnicas de sanación ancestral, es posible reconectar con el ser interior.

Sense, A Rosewood Spa, ubicado al interior de Rosewood Mayakoba, al norte de Playa del Carmen —es un sitio de 1,500 m2 donde se consolidan 12 cabinas rodeadas de selva y cuyas vistas rodean un cenote—  destaca por ser uno de los mejores templos de relajación de la Riviera Maya.

Sense, A Rosewood Spa, es un templo de relajación donde se implementan técnicas precolombinas de sanación; se encuentra inmerso en el misticismo de la selva y envuelto en la tradición de la mitología maya —la cual dicta que los aluxes son los guardianes de la naturaleza, más antiguos que el sol y veneran a la Madre Tierra en todo momento—. Influenciado por la esencia espiritual de la zona, el menú de tratamientos se basa en las antiguas prácticas mayas ancestrales, la conexión con el diálogo interior y la herbolaria para sensibilizar al ser humano con sus emociones, y balancear los tres pilares del ser: cuerpo, alma y espíritu.

Uno de los espacios más sagrados dentro de Sense, A Rosewood Spa, es el temazcal que por medio del baño de vapor, las plantas utilizadas para preparar el agua medicinal, y los cantos recitados, se convierten en un rito que purifica, revitaliza y sana.

La experiencia sensorial inicia al caminar por el Sacbé, un camino de piedra color blanco, considerado por la antigua cultura como bendito, el cual te dirige hacia La Piedra de la Meditación, un punto energético en el que se realiza una limpia con copal y se desintoxica el cuerpo de las malas vibras y pensamientos negativos.   

Es importante recalcar que cada uno de los tratamientos del spa son personalizados, esto significa que el terapeuta podrá realizar modificaciones en el servicio según evalúe, a modo de intuición, la condición emocional del huésped y recomendará lo mejor para su bienestar, en mi caso tuve el ritual Kuxtal de 180 minutos.  

La experiencia inicia con una meditación con los ojos cerrados donde se pide permiso a cada uno de los Dioses y a los cuatro elementos —agua, fuego, tierra y aire— para enlazarse con la divinidad, soltar aquello que ya no suma en el plano presencial y conectar con el entorno selvático.

El segundo paso de la meditación consciente, fue en el Jardín Sensorial Kuxtal. Se trata de un área verde —donde se encuentran 13 plantas medicinales y comestibles— diseñada y alineada a los puntos cardinales, cuyo propósito es mostrar de modo físico el ciclo de las plantas, como analogía de la vida humana.

El recorrido dentro del Jardín Sensorial Kuxtal inicia por el Este, el área donde se siembra la semilla y espera las condiciones perfectas para dar el brote; en esta etapa se manifiesta el estado espiritual. El elemento del Este se manifiesta como el aire, posteriormente, el ciclo continúa hacia el Sur, en dirección al elemento tierra, donde se encuentra en estado de germinado. Se observa el brote alimentado por el sol y el agua para estar viva, y mantenerse fuerte para después pasar al Oeste.

En el Oeste, la semilla ya se encuentra consolidada, con el elemento agua y la planta, en esta fase, ya goza de raíz, tallo y hojas. Es el lugar donde la planta vive en su fase de desarrollo: las raíces son fuertes, las hojas grandes, florece o da frutos, y se preparara para mudar al último ciclo. El fuego que se simboliza en el Norte, es la última fuerza que modifica a esta fuerte planta y la conduce a su fin, para nuevamente dar inicio al ciclo de la semilla.

Después se continúa con la segunda meditación y una experiencia herbal, la cual busca despertar los sentidos y rendir homenaje a las antiguas creencias de los chamanes mayas, que reconocieron su conexión directa con todas las formas de vida.

Se inicia con la elección de un aroma esencial para realizar respiraciones —inhalaciones lentas y pausadas—, mientras que se percibe cómo la energía se mueve por el cuerpo, desde los pies a la cabeza. Mientras detectaba el aroma a romero, agradecí a cada músculo y órgano de mi cuerpo por el trabajo que diariamente realizan.

Después se prosigue con el lavado de pies donde se integra al elemento agua, el cual limpia las extremidades y funciona como metáfora para eliminar todo aquello que ensucia nuestro camino; el agua siempre purifica y aporta claridad. En esta fase, el ritmo de la respiración cambió a un estado más relajado, al entrar en armonía, para continuar con el paso final de la dinámica: la elaboración del aceite para el tratamiento corporal.

De acuerdo a mi intuición, la mezcla que decidí crear fue una fusión de tres hojas de menta y 10 gotas de aceite de lavanda. Lo primero que hice fue pedir permiso a la planta para extraer sus hojas ya que, como los mayas creían, las plantas gozan de espíritu y alma; si perciben una vibra positiva la escuchan y comparten sus propiedades curativas.

A unos cuantos minutos previos a finalizar mi estancia en el Jardín Sensorial Kuxtal, leí sobre los beneficios de la menta y lavanda, así como el mensaje curativo que ellas tenían para mis emociones; así que las maceré con delicadeza, agregué aceite a la fórmula sólida, y les agradecí por anticipado el bien que iban a causar en mi piel.

El tratamiento que la terapeuta eligió en mi cuerpo —debido a la elección de plantas y flujo energético—, fue un relajante a base de pindas herbales con el fin de activar la circulación sanguínea y eliminar las toxinas de mi organismo. El origen de esta técnica proviene de la medicina ayurvédica y se aplica con diferentes presiones por todo el cuerpo para provocar la vasodilatación —la cual favorece— a la relajación muscular sobre cuello, espalda, brazos, piernas y abdomen.

Las pindas son pequeñas bolsas de tela, rellenas de hierbas aromáticas y plantas medicinales, que en ocasiones también se les puede agregar semillas, arroz o especias. En mi tratamiento de spa, fueron elaboradas con romero, manzanilla, eucalipto, menta y lavanda. Son un instrumento descongestionante y estimulante que se calientan al vapor, y actúan como un té para la piel, haciendo que los poros se dilaten por el calor y las propiedades herbales ingresen directamente al cuerpo. De forma paralela, la aromaterapia despliega a través del olfato, la capacidad para reestablecer el equilibrio corporal y generar la ya mencionada vasodilatación.

El resultado de este servicio corporal donde la presión va de media a fuerte, es la activación del centro de energía natural, así como de total hidratación y desintoxicación para la piel. Durante los 90 minutos del tratamiento corporal pude experimentar tranquilidad y seguridad total ya que Sense, A Rosewood Spa, cumple con todas las medidas de desinfección necesarias y aparte utiliza fórmulas que son amigables con el medio ambiente, lo cual no afecta a la flora local, e incluso la capa de ozono.

Las 12 cabinas de tratamiento se encuentran climatizadas y cuentan con equipo de sonido que permite escuchar música relajante mientras el cuerpo es mimado con manipulaciones.

Una vez que la sesión finaliza, se visita el área de relajación la cual ofrece una linda vista hacia un cenote abierto y a una variedad de árboles, para realizar el mejor cierre de experiencia, se recibe una bebida de Jamaica y albahaca, mientras se escucha el canto de los pájaros. Me queda de moraleja seguir aprendiendo de una cultura tan maravillosa como la de estos primeros pobladores de la península de Yucatán, la cual nos enseña a inclinarnos por remedios naturales y observar a la naturaleza como una gran aliada para sanar dolencias físicas y espirituales.

    Tags: @senseplace @wellnesssuites @rosewoodmayakoba

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